San Maruta, celebrado el 16 de febrero, fue un destacado obispo en el reino de los persas durante el siglo V. Tras la persecución bajo el rey Sapor, Maruta jugó un papel crucial en la reparación de iglesias destruidas y en el establecimiento de la paz en la Iglesia. Presidió el concilio de Seleucia, demostrando su liderazgo y compromiso con la fe cristiana.
Además, San Maruta trasladó las reliquias de los mártires persas a la ciudad episcopal, que fue renombrada como Martirópolis en honor a estos actos.