Santa Catalina de Suecia es recordada por su devoción y vida piadosa en el siglo XIV. Nacida en el seno de una familia devota, fue hija de santa Brígida. Catalina, obligada a casarse, mantuvo su virginidad con el consentimiento de su esposo. Tras enviudar, se dedicó por completo a la vida religiosa, peregrinando a Roma y Tierra Santa.
En su regreso a Suecia, llevó consigo los restos de su madre y los depositó en el monasterio de Vástena, donde finalmente tomó el hábito monástico. Su festividad se celebra el 24 de marzo.