El Beato Antonio Constante Auriel es recordado por su sacrificio y dedicación a la fe durante uno de los periodos más tumultuosos de la historia de Francia. Nacido en el siglo XVIII, Antonio fue presbiterio y vicario parroquial en Cahors. Durante la Revolución Francesa, fue arrestado por su condición de sacerdote y encarcelado en una vieja nave en el puerto de Rochefort.
En condiciones inhumanas, Antonio no solo soportó el sufrimiento, sino que también ayudó a sus compañeros prisioneros. Falleció debido a una enfermedad el 16 de junio, pero su legado de fe y resistencia perdura.
Conmemorado cada año, Antonio es un símbolo de fortaleza espiritual y devoción religiosa. Para más información sobre mártires de la Revolución Francesa, puedes visitar Wikipedia.