La Beata Eva del Monte Cornelio fue una devota reclusa del siglo XIII en Lieja, en la actual Bélgica. Junto a Santa Juliana, priora del cenobio de San Martín, jugó un papel crucial en la instauración de la fiesta del Corpus Christi. Su dedicación y fe la llevaron a colaborar con el Papa Urbano IV para oficializar esta celebración, que honra la presencia de Cristo en la Eucaristía.
La festividad del Corpus Christi es ahora una celebración importante en el calendario litúrgico católico, extendida por todo el mundo. La influencia de la Beata Eva es un testimonio de su santidad y compromiso con la Iglesia.