El Beato Andrés Franchi nació y murió en Pistoia, Italia. Como obispo de la ciudad, jugó un papel crucial en la reforma de la vida religiosa tras la devastación de la Peste Negra. Su devoción se centró en revitalizar los conventos de la Orden de Predicadores, promoviendo la paz y la misericordia a través de cofradías de penitentes.
Celebrado el 26 de mayo, su legado perdura en la comunidad religiosa y en los valores de reconciliación que promovió.