San Anastasio de Suania, reconocido por su firme defensa de la fe ortodoxa, vivió durante el siglo VII en los montes del Cáucaso. Como discípulo de San Máximo el Confesor, Anastasio enfrentó numerosas persecuciones y torturas por su fe.
El 22 de julio, la Iglesia celebra su valentía y devoción. Aunque encarcelado, Anastasio nunca renunció a sus creencias, convirtiéndose en un símbolo de resistencia espiritual.
San Anastasio es un ejemplo de fortaleza y compromiso religioso, recordado no solo por su martirio, sino también por su legado de fe.