Santa Antonina de Nicea es una figura emblemática de la perseverancia cristiana. Nació en Nicea, en la región de Bitinia, y se destacó por su inquebrantable fe en Dios.
Durante el siglo III, Antonina fue sometida a brutales torturas y permaneció colgada durante tres días. Posteriormente, fue encarcelada por dos años, resistiendo con fortaleza los tormentos impuestos por el gobernador Prisciliano.
Finalmente, Antonina fue quemada viva, sellando su destino como mártir del cristianismo. Su valentía y devoción son recordadas cada 4 de mayo.
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