Santa Helicónides es recordada por su valentía y fe inquebrantable durante el siglo III. Residiendo en Corinto, su martirio se produjo en tiempos del emperador Gordiano. A pesar de los terribles tormentos a los que fue sometida bajo el gobernador Perenne y su sucesor Justino, Helicónides se mantuvo firme en su fe cristiana. Su vida terminó en martirio con la decapitación, un acto que selló su entrega total a sus creencias.
La festividad de Santa Helicónides se celebra cada 28 de mayo, recordando su ejemplo de sacrificio y resistencia.