Santa Julita de Cesarea, una mujer cristiana del siglo IV, es recordada por su valentía y devoción. Se negó firmemente a adorar ídolos paganos, lo que la llevó a ser martirizada en Cesarea de Capadocia, actualmente en Turquía. Su festividad se celebra el 30 de julio.
Historia
En un tiempo donde el cristianismo era perseguido, Julita se mantuvo fiel a sus creencias. Fue arrestada y llevada ante un juez que le ordenó ofrecer incienso a los dioses romanos. Al negarse, fue condenada a morir en el fuego.
Legado
Santa Julita es un símbolo de fe y resistencia. Es venerada en la Iglesia Católica, especialmente el 30 de julio, día de su festividad.