San Lucio, quien ocupó el trono papal tras el papa Cornelio, es venerado como un confesor de la fe cristiana. Durante su papado, enfrentó tiempos de angustia y persecución. Fue exiliado por su firme creencia en Cristo, pero su retorno a Roma marcó un período de estabilidad y moderación.
Legado
San Lucio es recordado por su capacidad de liderar con prudencia en tiempos difíciles. Su sepultura se encuentra en el cementerio de Calisto, en la Vía Apia de Roma, un lugar de reverencia para quienes honran su legado.
Festividad
La Iglesia celebra a San Lucio el 5 de marzo, fecha en la que se recuerda su contribución a la fe cristiana y su ejemplo de liderazgo sereno y eficaz.