Santa Inés de Montepulciano, nacida en Graciano, Italia, es recordada por su inquebrantable fe y liderazgo espiritual. Desde muy joven, destacó por su devoción religiosa, vistiendo el hábito a los nueve años. A los quince, fue nombrada superiora de las monjas de Procene, donde demostró una notable capacidad de liderazgo.
Posteriormente, fundó un monasterio en Montepulciano bajo la disciplina de la Orden de Predicadores, mostrando una profunda humildad y compromiso con la vida monástica. Su festividad se celebra cada 20 de abril, y es un ejemplo de santidad y dedicación.
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