La Beata Alejandrina María da Costa, nacida en Balasar, Portugal, es recordada por su devoción extrema y su vida de sufrimiento aceptado como un regalo espiritual. A la edad de 14 años, se arrojó por una ventana para escapar de un ataque y preservar su virginidad, quedando paralizada de por vida.
A pesar de su parálisis, Alejandrina se dedicó a una vida de oración y consejería espiritual desde su cama, convirtiéndose en un ejemplo de entrega y fe. Su apostolado se centró en la reparación y en servir de guía espiritual para los muchos que la visitaban.
Fue beatificada el 25 de abril de 2004 por el Papa Juan Pablo II, y su festividad se celebra el 13 de octubre. Alejandrina es un símbolo de esperanza y dedicación a Dios, mostrando que el sufrimiento puede transformarse en una poderosa herramienta de apostolado.