San Narciso de Jerusalén, venerado cada 29 de octubre, fue un destacado obispo del siglo III. Reconocido por su extraordinaria santidad, paciencia y profunda fe, Narciso dejó una huella imborrable en la historia de la Iglesia. Llegó a un acuerdo con el papa San Víctor sobre la celebración de la Pascua en domingo, reforzando la unidad en la comunidad cristiana. Su vida, extendida hasta los 116 años, es un testamento de devoción y compromiso espiritual.
Legado de San Narciso
El legado de San Narciso se manifiesta en su ejemplo de vida dedicada al servicio de la Iglesia y su influencia en la liturgia pascual. Su longevidad y sabiduría continúan inspirando a los fieles.
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