San Ernesto, nacido en la región que hoy conocemos como Alemania, destacó como abad del monasterio benedictino de Zwiefalten entre 1141 y 1146. Renunció a su cargo para participar en la Segunda Cruzada, demostrando su profundo compromiso con la fe cristiana.
Durante su misión, predicó en Persia y Arabia, pero su fervor le llevó a ser capturado por los sarracenos. En un acto de valentía y devoción, fue torturado y finalmente martirizado en La Meca en 1148.
Su festividad se celebra el 7 de noviembre, recordando su sacrificio y legado espiritual.