San Malco monje
Monje de Maronia, junto a Antioquía, en el siglo IV
Monje sirio del siglo IV. San Jerónimo dice haberle oído en Maronia, cerca de Antioquía, el relato de su cautiverio entre los sarracenos y de la castidad que guardó con la mujer que le impusieron por esposa. No hay otra fuente.
Conmemoración de san Malco, monje, del que san Jerónimo expuso por escrito el testimonio de su ascesis y de su vida en Maronia, cerca de Antioquía (s. IV).
San Malco es el monje sirio del siglo IV de quien san Jerónimo dice haber escuchado, siendo él todavía joven, el relato de su cautiverio. El Martirologio Romano lo conmemora el 21 de octubre y no añade otro dato: la noticia depende por entero de esa Vida de Malco, monje cautivo, escrita en Belén hacia el año 391.
No es san Hilarión. Jerónimo compuso las dos vidas por los mismos años, dentro de sus relatos de monjes, pero son personas distintas. La de Malco no señala una tumba ni unos milagros de santuario. Tampoco es el Malco del Evangelio, el siervo a quien Pedro cortó una oreja: aquel no es este monje.
Lo que Jerónimo dice haber visto
Maronia, cuenta, era una aldea pequeña a unas treinta millas al este de Antioquía de Siria. Cuando él vivía allí de joven, la poseía su amigo el obispo Evagrio. Lo nombra para que se sepa de dónde le viene lo que va a escribir. En la aldea había un anciano llamado Malco, sirio de nación y de lengua, indígena del lugar, y con él una mujer muy vieja, al parecer cerca de la muerte. Los dos gastaban el umbral de la iglesia. Jerónimo preguntó a los vecinos si los unía el matrimonio, la sangre o el espíritu. Todos respondieron que eran santos y agradables a Dios, y contaron cosas extrañas. Entonces interrogó al propio Malco.
Jerónimo cierra el libro advirtiendo el tiempo que ha pasado: Malco era viejo y él un muchacho cuando se lo oyó; ahora, ya viejo él, lo pone por escrito como una historia de la castidad, para que las vírgenes la guarden y la cuenten a los que vengan después. En el prólogo dice que este relato breve le sirve de ejercicio antes de una historia de la Iglesia, desde los apóstoles hasta su tiempo, que no llegó a escribir.
Lo que Malco le contó
Según ese relato, Malco cultivaba un poco de tierra en Nísibis y era hijo único. Sus padres querían casarlo. Él dijo que prefería ser monje. Huyó de casa. No pudo ir hacia el este, porque Persia estaba cerca y la frontera la guardaban soldados romanos, así que tomó hacia el oeste, con unas pocas provisiones. Llegó al desierto de Calcis, entre Ime y Berea, más al sur. Allí se puso bajo la dirección de unos monjes, vivía del trabajo de sus manos y ayunaba.
Pasados muchos años supo que su padre había muerto y quiso volver con su madre, vender la pequeña hacienda, dar una parte a los pobres, otra a los monasterios y quedarse con algo para sus comodidades. El abad le dijo que era tentación del demonio, se puso de rodillas y le rogó que no volviera la vista atrás. Malco no le hizo caso. El abad lo acompañó un trecho, como quien va a un entierro, y lo despidió: la oveja que deja el rebaño queda a merced del lobo.
En el camino de Berea a Edesa hay un páramo junto a la calzada, por donde rondan los sarracenos. Los viajeros iban en grupo, unos setenta entre hombres, mujeres, viejos y niños. Los asaltaron jinetes en caballos y camellos, armados para saquear, no para dar batalla. A Malco lo asignaron, con otra cautiva, al mismo amo. Los llevaron desierto adentro, sobre un camello, comiendo carne a medio asar y bebiendo leche. Pasado un gran río, le dieron ovejas que cuidar. Rezaba y cantaba los salmos que había aprendido en el monasterio, y daba gracias por haber recuperado en el desierto la vida de monje que iba a perder en su tierra.
El amo, contento del rebaño, quiso premiarlo dándole por mujer a la que había sido su compañera de cautiverio. Malco se negó: era cristiano, y el marido de ella, capturado con el grupo y llevado por otro amo, seguía vivo. El amo sacó la espada. Malco alargó la mano y la tomó. De noche, en una cueva, ella le pidió que no se matara —él había vuelto el hierro contra sí— y que vivieran como hermanos: el amo los creería casados, y Cristo sabría que no lo estaban. Jerónimo le hace decir que nunca la miró desnuda ni le tocó el cuerpo, por no perder en la paz lo que había guardado en el peligro. Así pasó mucho tiempo. A veces se ausentaba un mes entero con el rebaño.
Un día, solo en el desierto, vio un hormiguero y se acordó de lo que Salomón dice de la hormiga. Quiso imitar aquel trabajo en común y volver a la celda. Ella aceptó la huida. Mató dos machos cabríos, hizo odres con las pieles y preparó carne para el camino. Salieron al anochecer. A unas diez millas estaba el río: inflaron los odres, se sentaron encima y se dejaron llevar corriente abajo para despistar. La carne se echó a perder en el agua y les duró tres días.
Al tercer día vieron dos hombres en camellos. Una cueva les sirvió de escondite. El amo envió dentro al siervo. El relato dice que una leona lo mató y lo arrastró, y que luego hizo lo mismo con el amo. Al amanecer la leona se llevó a su cachorro. Ellos esperaron, salieron al atardecer, montaron los camellos y a los diez días llegaron a un campamento romano. Contaron el caso al tribuno y los enviaron a Sabiniano, que mandaba en Mesopotamia, donde vendieron los camellos. El abad ya había muerto. Malco volvió a la vida de monje y encomendó a su compañera a unas vírgenes: la quería como hermana y no se fiaba de vivir con ella como si lo fuera. Años después, Jerónimo los encontró otra vez juntos en Maronia, viejos y asiduos a la iglesia.
Historia y novela
Eso es todo el testimonio. Jerónimo lo presenta como lo que oyó de Malco, y da el nombre de Evagrio y el de la aldea para que se pueda saber de dónde sale la noticia. La crítica lo lee además como un relato breve del género de la novela antigua: un solo episodio de la vida de un monje por lo demás desconocido, con rapto, boda forzada, huida y final feliz, puesto al servicio de la castidad. No es la biografía de un culto. El lector no se entera de ninguna tumba, y la Vida deja en el aire si, al escribir Jerónimo, Malco había muerto ya. La leona que los salva pertenece a lo que, según Jerónimo, contó el anciano. Nadie más lo atestigua.
Fiesta y nombre
El 21 de octubre es la fecha del Martirologio Romano, como conmemoración del monje cuya ascesis y cuya vida en Maronia puso Jerónimo por escrito. El Martirologio anterior decía, más seco, que en Maronia, cerca de Antioquía de Siria, se hacía memoria de san Malco, monje. Otras listas lo recuerdan el 26 de marzo y el 24 de noviembre en el uso ortodoxo, y el 21 de abril y el 1 de septiembre en el sirio-ortodoxo.
Malco, dice Jerónimo, es un nombre que en latín puede traducirse por rey.
Investigación
Lo que dicen las fuentes
Existencia atestiguada
La única fuente es la Vida de Jerónimo, escrita hacia 391, que dice haber oído el relato del propio anciano en Maronia. No hay confirmación independiente. El episodio del cautiverio está contado con los recursos de la novela antigua; el Martirologio lo conmemora por ese testimonio.
Cronología
- siglo IV Según el relato que Jerónimo pone en su boca, dejó Nísibis, vivió en el desierto de Calcis, cayó cautivo de los sarracenos camino de Edesa y volvió a la vida monástica. La crítica lee ese episodio como una novela de castidad.1,3
- juventud de Jerónimo en Siria Jerónimo lo encuentra anciano en Maronia, aldea a unas treinta millas al este de Antioquía, entonces propiedad de su amigo el obispo Evagrio, y escucha de él la historia.1,6
- hacia 391 Jerónimo, ya viejo, escribe en Belén la Vida de Malco, monje cautivo, como ejercicio previo a una historia de la Iglesia que no llegó a componer.1,2
En los calendarios
| Calendario | Fecha | Rango |
|---|---|---|
| Martirologio Romano (2004)4 | 21 de octubre | Conmemoración |
| Martirologio Romano (anterior a 1970)4 | 21 de octubre | Memoria |
| Calendario ortodoxo5 | 26 de marzo y 24 de noviembre | Conmemoración |
| Calendario sirio-ortodoxo5 | 21 de abril y 1 de septiembre | Conmemoración |
Culto y devoción
- La Vida no dice dónde fue enterrado ni si Malco había muerto cuando Jerónimo escribía, y no pretende acompañar un culto.2
El nombre
Nombre siríaco y hebreo. Jerónimo dice que en latín puede traducirse por rey.1,5
- Malchus (latín)
- Malcos, Malke, Malka
Más información
- Legado:
- Su recuerdo depende de la Vida que escribió san Jerónimo, leída como ejemplo de castidad en el cautiverio.
- Significado:
- Es una de las tres vidas de monjes de Jerónimo. A diferencia de la de Hilarión, no señala sepulcro ni milagros de culto.
- Papel:
- monje
Fuentes
Cada dato de esta ficha remite a una de estas fuentes, consultadas al redactarla.
- San Jerónimo, Vida de Malco, monje cautivo (trad. inglesa, Nicene and Post-Nicene Fathers, New Advent)
- The Cult of Saints in Late Antiquity (Oxford): Jerónimo, Vida de Malco (E00686)
- Dickinson College Commentaries: perspectivas críticas sobre la Vida de Malco
- Martirologio Romano, 21 de octubre (texto latino anterior y de 2004, y traducción castellana) Oficial
- Ökumenisches Heiligenlexikon: Malchos (Malchus)
- Bibliothek der Kirchenväter: Vida y cautiverio del monje Malco, capítulo 2 (trad. alemana)