San Antonio María Claret nació en 1807 en Sallent, Barcelona. Ordenado sacerdote, se destacó por su fervor y dedicación en toda Cataluña. Fundó la Congregación de los Misioneros del Corazón de María, popularmente conocidos como claretianos. En su labor, fue nombrado arzobispo de Cuba, donde trabajó incansablemente por el bienestar espiritual y social de sus fieles.
Durante su vida, enfrentó múltiples atentados físicos y oposiciones, que soportó con gran espiritualidad. Tras su regreso a España, sirvió como confesor de la reina Isabel II. Falleció en 1870 durante su exilio en Francia, dejando un legado de fe y servicio.