San Crisanto y Santa Daria fueron mártires cristianos del siglo III en Roma, recordados por su inquebrantable fe. Según la tradición, Crisanto, un joven convertido al cristianismo, fue obligado a casarse con Daria, una sacerdotisa pagana, quien también se convirtió a la fe cristiana.
Ambos fueron arrestados y enfrentaron el martirio por negarse a renunciar a su fe. Sus restos descansan en el cementerio Trasonas, en la vía Salaria Nueva de Roma. Cada año, el 25 de octubre, se celebra su festividad en honor a su sacrificio y devoción.